Centro San Juan de Dios

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Carta abierta a usuarios, familias, profesionales, directivos, voluntarios y Hermanos de San Juan de Dios

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La vida es un contínuo cambio de etapas. «Todo pasa y todo queda…», como dice nuestro insigne poeta D. Antonio Machado. Y en este contexto me ha llegado el tiempo de pasar de la página laboral a la de la jubilación. Después de 38 años en el Centro y casi 26 en la dirección gerencia, me toca dar el testigo a otra persona, que estoy convencido que mejorará sustancialmente lo mucho bueno que tenemos y sabrá convertir en buenos, aquellos aspectos susceptibles de mejora.

Durante estos 38 años he tenido el honor, placer, el orgullo y la gran suerte de compartir tiempos y espacios con todos vosotros, codo con codo, intentando en todo momento, que entre todos consiguiéramos el mayor bienestar y calidad de vida de nuestros usuarios, que son en definitiva nuestra alma y razón de ser.

Os agradezco profundamente todos estos años y todos los apoyos que me habéis prestado y lo fácil que me habéis puesto la toma de decisiones, tanto en los momentos buenos, coma en los momentos no tan buenos, incluso difíciles, que hemos pasado. Pero Ia verdad, es que siempre hemos salido reforzados y mejorados.

Estoy seguro que en todo lo excelente y bueno, tenéis vosotros mucho que ver, y en lo que no ha sido así, soy yo el único responsable. Por eso, desde aquí, pediros mis más sinceras disculpas, por todos los momentos en que no he estado a la altura y que, por acción u omisión, haya podida ofender a alguien a no haya cumplido vuestras expectativas al respecto. Cierto es, que siempre ha sido con la voluntad de acertar y sin ninguna mala intención por mi parte. Así que perdón por ello.

Creo, sinceramente, que en el momento actual, incluso a pesar de esta dichosa pandemia, tenemos un Centro y un gran grupo de personas, que cumple las expectativas de nuestros usuarios y de sus familias, con equipos humanos cohesionados con el foco siempre puesto en una atención de calidad, atentos a los nuevos modelos y premisas, que nos impone el sector, para un desarrollo de futuro en las que personas con discapacidad intelectual, tengan de manera efectiva un puesto en la sociedad y dispongan de todos los apoyos necesarios para su plena inclusión social. Eso nos obliga a no dormirnos y ser proactivos para conseguir este objetivo. El sector está evolucionando muy rápidamente y hay que estar en la parada del autobús a tiempo, no le perdamos.

Los valores de Ia Hospitalidad y los valores institucionales se ven totalmente reflejados en el día a día, y desde luego ampliados en esta etapa de emergencia sanitaria, que espero, con toda seguridad, que pase lo más rápido posible.

En mi marcha me llevo la mochila totalmente cargada de muy buenos recuerdos, de mucha cercanía, de mucho respeto, de mucho afecto y de muchas más cosas buenas, tantas que haría falta media vida para describirlas. Lo que sí que es cierto es que la mochila pesa mucho, pero se lleva con mucha alegría, cariño y amistad. ¡Sois geniales!

Reitero mi más sentido y efusivo agradecimiento a los usuarios por ser como son, a las familias por la complicidad y apoyo en todos estos años, a los profesionales por haber sido ejemplo de entrega y dedicación, a los voluntarios por ese tiempo tan precioso que nos dedicáis, a los excelentes directivos por haberme ayudado en la toma de decisiones y por haberme aguantado en algunos momentos de discrepancias, ayudándome incondicionalmente a la hora de decidir, a los queridos Hermanos de la Comunidad de Valladolid par haberme acompañado, apoyado y enseñado cómo es y debe ser el Carisma Juandediano y el gran valor de la Orden Hospitalaria en favor de las personas más vulnerables, a los Hermanos Generales, Provinciales y Consejeros, y al Director General de Centros, por haber apostado y confiado en mí, y a todos los hermanos y compañeros con los que he tenido la suerte de compartir tantos momentos, durante todos estos años.

Como he aprendido de vosotros lo que es diseñar y aplicar planes de vida, me pongo enseguida a formular el mío de nuevo, y que lo que quede sea lo bueno, dejando atrás lo demás.

Espero y os deseo lo mejor, en esta nueva etapa. En mi corazón siempre estaréis.

Prestad el apoyo, como lo habéis hecho conmigo, a la nueva dirección y esto, en broma, aunque lo he dicho mucho, «Portaros bien».

Mil abrazos, mil gracias y hasta siempre. En mi siempre tendréis un compañero y también un amigo.

Todo irá mucho mejor, estoy convencido.

Fdo.: José Miguel García Barbero
Director Gerente

(Descarga la carta completa)

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