El servicio municipal de recogida selectiva de textiles en Valladolid cumple su primer año de funcionamiento consolidándose como un modelo de economía circular con impacto social y ambiental positivo. El contrato de prestación de este servicio otorgado por el Ayuntamiento de Valladolid, está gestionado por la UTE Ecocircular, formada por San Juan de Dios de Valladolid y Cáritas Diocesana de Valladolid, el servicio combina eficiencia operativa, inserción laboral y sostenibilidad ambiental.
Desde su puesta en marcha, el proyecto ha generado empleo inclusivo, incorporando a cinco personas con discapacidad y tres en situación de vulnerabilidad al equipo operativo. Estas personas desempeñan labores de recogida, logística y apoyo en rutas, en un entorno laboral estable y acompañado, dentro de un servicio público esencial para la ciudad.
A lo largo de este primer año se han desarrollado módulos formativos específicos en circularidad textil, clasificación avanzada de residuos y operaciones logísticas, además de la tutorización de diez prácticas formativas no laborales, con el objetivo de reforzar las competencias profesionales y facilitar la inserción laboral futura de las personas participantes.
David, de 26 años, es una de las personas contratadas por San Juan de Dios de forma indefinida tras un periodo de prácticas: “Estoy muy contento con todo, con el trabajo y los compañeros. Este trabajo es muy importante para mí”, explica, destacando la estabilidad e independencia que le aporta.
Resultados ambientales medibles
Entre febrero de 2025 y enero de 2026, el servicio ha recogido 539.140 kilos de residuo textil, gracias a 5.164 vaciados realizados en 201 contenedores distribuidos por la ciudad. Esta actividad ha evitado que el textil termine en la fracción resto, logrando 8.087 toneladas de CO₂ evitadas, un ahorro de 1,13 millones de metros cúbicos de agua, equivalente al consumo anual de unas 20.000 personas, y el desvío de 539 toneladas de residuos del vertedero.
Un modelo público‑social replicable
El balance del primer año confirma el buen funcionamiento del servicio, su impacto social directo a través del empleo inclusivo y sus beneficios ambientales verificables. Un modelo público‑social que refuerza la colaboración entre la administración y las entidades sociales, y que avanza hacia una Valladolid más inclusiva y sostenible.
